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Sonia Velasquez

Mi mamá fue la primera persona que alguna vez me habló de Adriana. Recuerdo que mi ojo estaba muy mal, a punto de ser extraído cuando me habló del tema sugiriendo que yo también podría usar el parche. Tenía 16 años y lo rechacé tajante. Me moría de pavor…. ser señalada, ser diferente. Sentí miedo, utilizar un parche era llamar la atención y eso era algo que yo no quería. Así lo veía desde la vanidad y la inseguridad de la adolescencia sin imaginar que inevitablemente perdería mi ojo unos meses después lo que me obligaría a mirar las cosas de una forma diferente.
Pasados dos años, tomé un curso de modelaje en Stock Models. Paradójicamente en el mundo de la belleza donde prima lo perfecto y a pesar de mi defecto encontré en el camino gente que vio en mí una posibilidad. Por eso me condujeron a Adriana para que ella me enseñara a usar el parche y así, convertir mi debilidad en una fortaleza.

Conocí a Adriana Lucia hace 11 años a través de Irma Aristizabal, experta del modelaje en Colombia. Por aquella época yo era una estudiante universitaria de periodismo, con sueños y juventud; con el mundo por delante y con una historia de violencia intrafamiliar que me había dejado una marca en la cara y una huella interna que necesitaba superar.

Conocerla fue toda una experiencia. Encontré una mujer hermosa, fuerte, segura y muy humana. Su sensibilidad llegó como bálsamo para mi incomprensible realidad, para recibir de ella el maravilloso regalo del parche.

Debo decir sin lugar a dudas que el encuentro con Adriana cambió mi vida. Recibí un poder que me transformó y salvó de la desesperanza, el hacerme conciente que al perder, gané la posibilidad de renacer.

Yo esperaba encontrar sólo una herramienta que me ayudara a hacer mis sueños realidad, para mi propia sorpresa recibí además la llave para transmitir luz a aquellos con historias similares.

Eso fue lo único que me pidió: estar dispuesta a dar el regalo tal como ella me lo daba a mí. El parche es más que el intento de tapar un defecto, lo perfecto es imperfecto, todos somos bellos y únicos con nuestras imperfecciones y el parche per se es un objeto con historia.

Con aquel encuentro abrimos la puerta a un mundo de fantasía. Aún hoy sigo maravillándome con un personaje que la vida me regaló, con la posibilidad de jugar con la realidad cruel, de reír de la tragedia y así decir soy feliz, porque al final somos infinitamente más que un cuerpo. La piel se aja, los cabellos se caen y con el tiempo se muere el cuerpo, es el proceso natural…pero cuando se pierde un miembro de un golpe, cuesta entender de un tajo al desprendimiento confirmándonos que no somos dueños de nada, ni siquiera de nuestros cuerpos tan frágiles y vulnerables.

Hoy me siento satisfecha de lo logrado con la ayuda del parche, ahora es cuando comienza la misión de tocar corazones con lo que su uso me ha enseñado.

Cuando salgo a rumbear en la ciudad la gente se me acerca y me bromea, sobre el parche se ríen, se impactan o se conmueven; “una pirata en la ciudad”, una historia por contar, un logro que decir, el logro de la vida, del perdón, de la alegría sobre la tristeza, conocer la perdida y seguir. El parche en la cara no pasa desapercibido, pero ya no existe el miedo a ser señalada, ahora hace parte de mi, de una pirata feliz.

Nada hubiera sido posible sin haber encontrado en mi parche esa brújula que despejó mi camino alejándome de la tormenta, llevándome a ver la vida diferente, a vivirla y disfrutarla con buen viento y buena mar!!!

Miami, FL. Octubre 20 de 2007

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